El pasado miércoles 10 de junio me sonó el teléfono, y al ver que era un número de Barcelona, decidí cogerlo.
Cuál fue sorpresa cuando la voz al otro lado de la línea me comunicó que habían tenido una baja y que me operarían el viernes. Si, si. Tan solo dos días después.
Mientras intentaba superar el shock inicial, el amable chico, me informó que debía ir, sin falta, al día siguiente a realizarme el test del Coronavirus y una placa torácica.
Y el mismo día de la operación, el preoperatorio. Todo volando. Sin tiempo a prepararme, ni física, ni psicológicamente.
Pruebas superadas. Apta para ser operada.